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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/64

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

alegría y entusiasmo como le causaba aquella enumeración espléndida: «¡Ya Alah! ¿Y quién no aceptaría? Luego dijo: «¡Bueno! ¡pero ante todo sea con nosotros la Fatiha para rellenar nuestro pacto!» Y el habitante del mar accedió. Y recitaron ambos en voz alta la Fatiha liminar del Korán. E inmediatamente Abdalah el pescador libertó de la red al habitante del mar.

Entonces preguntó el pescador á su amigo marítimo: «¿Cómo te llamas?» El otro contestó: «Me llamo Abdalah. Así es que, cuando vengas aquí todas las mañanas, el día en que por casualidad no me veas, no tendrás mas que gritar: «¡Ya Abdalah! ¡oh marítimo!» Y te oiré al instante, y verás cómo aparezco fuera del agua. Luego le preguntó: «¿Y cómo te llamas tú, ¡oh hermano mío!?» El pescador contestó: «¡Me llamo también Abdalah, como tú!» Entonces exclamó el marítimo: «¡Tú eres Abdalah de la Tierra, y yo soy Abdalah del Mar! Y he aquí que seremos dos veces hermanos, por nuestro nombre y por nuestra amistad. ¡Espérame, pues, aquí un instante, ¡oh amigo mio! nada más que el tiempo necesario para sumergirme y volver con el primer regalo marítimo!» Y Abdalah de la Tierra contestó: «Escucho y obedezco!» Y al punto Abdalah del Mar saltó desde la orilla al agua y desapareció á la vista del pescador.

Al cabo de cierto tiempo, al no ver Abdalah de la Tierra aparecer al marítimo, se arrepintió mucho de haberle libertado de la red, y dijo para si: