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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/68

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

si no lo haces, corres peligro de que el gobierno te ponga obstáculos!» Y contestó el pescador: «¡Claro que se lo ocultaré á todo el mundo, excepto al panadero! ¡Porque aunque por lo general deba ocultarse la dicha, no puedo hacer de mi dicha un misterio para mi primer bienhechor!»

Al día siguiente, Abdalah el pescador fué muy temprano, con un cesto lleno de hermosas frutas de todas las especies y todos los colores, á la orilla del mar, adonde llegó antes de salir el sol. Y dejó su cesto en la arena de la playa, y como no divisaba á Abdalah, dió una palmada, gritando: «¿Dónde estás, ¡oh Abdalah del Mar!» Y al instante contestó desde el fondo de las olas una voz marina: «Heme aquí, ¡oh Abdalah de la Tierra! «Heme aquí á tus órdenes!» Y el habitante del mar salió del agua y se acercó á la orilla. Y después de las zalemas y de los votos, el pescador le ofreció el cesto de frutas. Y lo cogió el marítimo, dándole las gracias, y se sumergió en el fondo del mar. Mas algunos instantes después reapareció llevando en sus brazos el cesto sin frutas, pero cargado de esmeraldas, de aguas y de todas las gemas y productos marinos. Y tras de despedirse de su amigo, el pescador se cargó á la cabeza el cesto y emprendió el camino de la ciudad, pasando por delante del horno del panadero...


En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.