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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/70

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

dor contestó: «En casa tengo un cesto lleno.» El otro preguntó: «¿Y dónde está tu casa?» El pescador contestó: «Como casa, ¡por Alah que no la tengo! sino sencillamente una choza de tablas podridas, que está situada al extremo de cierta calle junto al zoco del pescado.» Al oír estas palabras del pescador, el joyero gritó á sus dependientes: «¡Detenedle! ¡Es el ladrón á quien se acusa de haber robado las alhajas de la reina, la esposa del sultán!» Y les ordenó que le administraran una paliza. Y le rodearon todos los joyeros y mercaderes y le injuriaron. Y decían unos: ¡Sin duda fué él quien robó en el mes último la tienda del hadj Hassán!» Y decían otros: «¡También fué este miserable quien limpió cierta tienda!» Y cada cual contaba la historia de un robo cuyo autor no fué habido, ¡y se lo atribuía al pescador! Y durante todo aquel tiempo, el pescador guardaba silencio y no hacia ningún gesto para negar. Y después que hubo recibido la paliza preliminar dejó que le arrastrara á presencia del rey el jeique joyero, que quería obligarle á declarar sus crímenes y hacer que le colgaran á la puerta de palacio.

Llegados que fueron al diván, el jeique de los joyeros dijo al rey: «¡Oh rey del tiempo! cuando desapareció el collar de la reina, mandaste que nos avisaran y nos encargaste que buscáramos al culpable. ¡Hicimos todo lo posible para lograrlo, y con la ayuda de Alah, lo hemos conseguido! ¡He aquí entre tus manos al culpable y las pedrerías que le