hemos encontrado encima!» Y dijo el rey al jefe de los eunucos: «Toma esas pedrerias y ve á enseñárselas á tu ama. ¡Y pregúntale si son las mismas piedras del collar que ha perdido!» Y el jefe de los eunucos fué en busca de la reina, y poniendo ante ella las gemas espléndidas, le preguntó: «¿Son éstas ¡oh mi ama! las piedras del collar?»
Al ver aquellas pedrerías, la reina llegó al limite de la maravilla, y contestó al eunuco: «¡Ni por asomo! Mi collar lo encontré en el cofrecillo. En cuanto á esas pedrerías, ¡son mucho más hermosas que las mías y no tienen par en el mundo! Ve, pues, ¡oh Massrur! á decir al rey que compre esas piedras para hacer con ellas un collar á nuestra hija Prosperidad, que ya está en edad de casarse.»
Cuando se enteró el rey por el eunuco de la respuesta de la reina, se enfureció en extremo con el jeique de los joyeros que así acababa de detener y maltratar á un inocente; ¡y le maldijo con todas las maldiciones de Aad y de Thammud! Y contestó, temblando mucho, el jeique de los joyeros: «¡Oh rey del tiempo! sabíamos que este hombre era un pescador, un pobre; y al verle con estas pedrerias y enterarnos de que en su casa aún tenía un cesto lleno de ellas, nos pareció que era demasiada fortuna para que la hubiese podido adquirir por medios lícitos un pobre! Al oir estas palabras, aumentó más todavía la cólera del rey, que gritó al jeique de los joyeros y á sus compañeros: «¡Oh plebeyos impuros! ¡oh herejes de mala fe, almas vulga-