res! ¿es que no sabéis que para el destino del verdadero creyente no hay fortuna imposible, por inesperada y maravillosa que sea? ¡Ah, malvados! ¡Y os apresuráis así á condenar á este pobre, sin oirle ni examinar sus circunstancias, con el falso pretexto de que esa fortuna es demasiado cuantiosa para él! ¡Y le motejáis de ladrón, y le deshonráis entre sus semejantes! ¡Y ni por un instante se os ocurre pensar que nunca obra con parsimonia Alah el Exaltado cuando distribuye sus favores! ¿Acaso conocéis la capacidad de abundancia de los manantiales infinitos de que extrae sus beneficios el Altísimo, ¡oh estúpidos ignorantes! para juzgar así, con arreglo á vuestros cálculos mezquinos de criaturas de barro, el total de pesas puestas en la balanza de un destino dichoso? ¡Idos, miserables! ¡Alejaos de mi presencia! ¡Y pluguiera á Alah privaros de sus bendiciones para siempre!» Y los expulsó ignominiosamente. ¡Y esto en cuanto á ellos!...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.