maravillóse de la generosidad del Donador para con sus creyentes; y dijo: «¡Oh pescador, era tu destino! ¡Pero déjame decirte que la riqueza exige que se la proteja, y que el rico debe tener una categoría alta! ¡Quiero ponerte, pues, bajo mi protección mientras dure mi vida, y hasta hacer algo más! Porque no puedo responder del porvenir, y no sé la suerte que te reservará mi sucesor si muero ó se me desposee del trono. Posible es que te mate por codicia y por amor á los bienes de este mundo. Quiero, pues, ponerte á salvo de las vicisitudes de la suerte mientras viva yo. ¡Y el medio mejor creo que es casarte con mi hija Prosperidad, que es una joven púber, y nombrarte mi gran visir, legándote así directamente el trono antes de mi muerte!» Y contestó el pescador: «¡Escucho y obedezco!»
Entonces llamó el rey á los esclavos, y les dijo: «¡Conducid al hammam á éste, que es vuestro amo!» Y los esclavos condujeron al pescador al hammam del palacio y le bañaron cuidadosamente y le vistieron con vestiduras reales, y le llevaron de nuevo á presencia del rey, que le nombró inmediatamente gran visir. Y le dió las instrucciones precisas para su nuevo cargo, y Abdalah contestó: «Tus advertencias ¡oh rey! son mi norma de conducta, y tu benevolencia es la sombra en que me cobijo!»
Despachó luego el rey para la casa del pescador correos y guardias numerosos con tañedores de