pífano, de clarinete, de címbalos, de bombo y de flauta, y mujeres expertas en el arte de la vestimenta y de los atavíos, con encargo de vestir y ataviar á la mujer del pescador y á sus diez hijos, colocándoles en un palanquin llevado por veinte negros y conduciéndoles al palacio acompañados por un cortejo espléndido y con músicas. Y se ejecutaron sus órdenes; y se colocó en un suntuoso palanquín á la esposa del pescador, que llevaba al pecho á su recién nacido y á sus otros nueve hijos; y precedida por el cortejo de guardias y músicos, y acompañada por las mujeres puestas á su servicio y por las esposas de emires y notables, se la condujo á palacio, donde estaba esperándola la reina, que la recibió con agasajos infinitos, mientras el rey recibía á los hijos y se los sentaba por turno en las rodillas y les acariciaba paternalmente, con tanto gusto como si fueran sus propios hijos. Y por su parte, la reina quiso demostrar su afecto á la esposa del nuevo gran visir, y la puso al frente de todas las mujeres del harem, nombrándola gran visira de sus dependencias.
Tras de lo cual, el rey, que tenia por única hija á Prosperidad, se apresuró á mantener su promesa, concediéndosela en matrimonio, como segunda esposa, al visir Abdalah. Y con esta ocasión, dió una gran fiesta al pueblo y á los soldados, haciendo adornar é iluminar la ciudad. Y aquella noche conoció Abdalah las delicias de la carne joven y la diferencia que hay entre la virginidad de una jo-