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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

un tragaluz alto la cabeza asustada del panadero, que bajó á abrir, serenado ya al ver el cesto de pesca lleno de pedrerías, como de costumbre. Y se arrojó al cuello de Abdalah, besándole con lágrimas en los ojos, y le dijo: «¿Pero es que no te han ahorcado por orden del rey? He sabido que te detuvieron por ladrón; y temiendo que también á mi me detuvieran como cómplice, me apresuré á cerrar el horno y la tienda y esconderme en el último rincón de mi casa. ¡Pero explícame ya, ¡oh amigo mio! á qué se debe el que estés vestido como un visir!» Entonces Abdalah le contó desde el principio hasta el fin lo que le había sucedido, y añadió: «Y el rey me ha nombrado su gran visir y me ha dado en matrimonio á su hija. ¡Y ahora tengo un harem, al frente del cual se encuentra mi antigua esposa, la madre de mis hijos!» Después dijo: «Toma este cesto con todo su contenido. ¡Te pertenece, porque así está escrito hoy en tu destino!» Luego le dejó y volvió á palacio con el cesto vacío.

Cuando el rey le vió llegar con el cesto vacío, le dijo riendo: «¡Ya lo ves! ¡tu amigo el marítimo te ha abandonado!» Abdalah contestó: «¡Al contrario! Las pedrerías con que me ha llenado hoy el cesto eran superiores en belleza á las de los demás días. Pero se las he dado todas á mi amigo el panadero, que en otro tiempo, cuando me afligia la miseria, me alimentó y alimentó á mis hijos y á la madre de mis hijos. ¡Y yo, á mi vez, por lo mismo que él fué misericordioso en los días de mi pobreza,