no le olvido en los días de mi prosperidad! Pues ¡por Alah, que quiero dar fe de que nunca hirió él mi susceptibilidad de trabajador pobre!» Y extremadamente edificado, le preguntó el rey: «¿Cómo se llama tu amigo?» Abdalah contestó: «¡Se llama Abdalah el Panadero, como yo me llamo Abdalah el Terrestre y como mi amigo del mar se llama Abdalah el Marítimo!» Al oír estas palabras, el rey se maravilló y se estremeció, y exclamó: «¡Y como yo me llamo el rey Abdalah! ¡Y como todos nos llamamos servidores de Alah! ¡Pero como todos los servidores de Alah son iguales ante el Altísimo y hermanos por la fe y el origen, quiero ¡oh Abdalah de la Tierra! que vayas en seguida á buscar á tu amigo Abdalah el Panadero, á fin de que le nombre yo mi segundo visir!»
Al punto fué Abdalah el Terrestre á buscar á su amigo Abdalah el Panadero, á quien acto seguido revistió el rey con las insignias del visirato, nombrándole su visir de la izquierda, como Abdalah el Terrestre era su visir de la derecha.
Y el antiguo pescador Abdalah llenó sus nuevas funciones con todo el brillo deseable, sin olvidarse ni un solo día de ir en busca de su amigo Abdalah del Mar y de llevarle un cesto con frutas de la estación á cambio de un cesto con metales preciosos y pedrerías. Y cuando ya no hubo frutas en los jardines ni las tenían tampoco los vendedores de primicías, llenó el cesto con pasas, almendras, avellanas, cacahuetes, nueces, higos secos, albarico-