güento?> El otro contestó: Se compone con grasa de hígado de una especie entre las especies de peces que se llama dandana. ¡Y este pez dandana es el más enorme de todos los peces del mar, hasta el extremo de que de un solo bocado devoraria sin dificultad lo que vosotros los terrestres llamáis un elefante ó un camello!> Y exclamó asustado el antiguo pescador: «¿Y qué come ese funesto ani- mal, joh hermano mio!?» El otro contestó: «De ordi- nario se come á los animales más pequeños que nacen en las profundidades. Porque ya sabes el proverbio que dice: «Los fuertes se comen á los dé- biles. El terrestre dijo: <¡Verdad dices! Pero ¿hay entre vosotros muchos de esos dandanas?» El otro contestó: ¡Millares y millares, cuyo número sólo Alah lo sabe!» El terrestre exclamó: <Entonces dis- pénsame de hacerte ésa visita, ¡oh hermano mio! porque tengo miedo á encontrarme con alguno de esa especie y que me coma!» El marítimo dijo: <¡No tengas ningún miedo, porque el pez dandana, aun- que es de una ferocidad terrible, teme á Ibn-Adán, cuya carne es para él un veneno violento!» El an- tiguo pescador exclamó: <¡Ya Alah! ¿pero de qué me servirá ser un veneno violento para el dandana cuando ya me haya devorado el dandana?> El ma- rítimo contestó: «¡No tengas el menor temor por el dandana, porque nada más que con ver á Ibn-Adán se pone en fuga de tanto como le teme! ¡Y además, como estarás ungido con su grasa, reconocerá su olor, y no te hará daño!» Y conquistado por las se-
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Apariencia