guridades que le daba su amigo, dijo el terrestre: ¡Pongo mi confianza en Alah y en til. Y se des- nudó y abrió en la arena un agujero, donde metió su ropa, á fin de que no se la robase nadie durante su ausencia. Tras de lo cual se untó con el ungüen- to consabido desde la cabeza hasta los pies, sin olvidarse de las más pequeñas aberturas, y hecho esto, dijo al maritimo: «Ya estoy listo, joh hermano mio!>
Entonces Abdalah del Mar cogió del brazo á su compañero y se sumergió con él en las profundida- des marinas...
En este momento de su narración, Schabrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 513. NOCHE
Ella dijo:
... Entonces Abdalah del Mar cogió del brazo á su compañero y se sumergió con él en las profundi- dades marinas. Y le dijo: Abre los ojos!» Y como el terrestre no se sintió sofocado ni abrumado por el peso enorme del mar y como allá dentro respi- raba mejor que bajo el cielo, comprendió que era realmente impenetrable para el agua; y abrió los ojos. Y desde aquel instante fué huésped del mar.