él cortésmente y deséale la paz y la bienvenida!> Y se adelantó ella y le dessó la paz con mucha amabilidad y usando un lenguaje escogido; y cuan- do iba á responderle Abdalah, extremadamente en- cantado, entró a su vez la esposa del marítimo, lle- vando en cada brazo á uno de sus dos últimos hijos; y cada uno de los niños llevaba un pez gran- de que iba davorando, lo mismo que devorarian un cohombro los niños de la tierra. Y he aquí que al ver á Abdalah junto al mari- timo, la esposa de éste se detuvo en el umbral, in- móvil de sorpresa, y después de haber soltado à sus dos hijos, exclamó riendo con todas sus fuerzas: «¡Por Alah, si es un individuo sin cola! ¿Cómo es posible vivir sin cola? Y acercóse más al terres- tre; y sus dos hijos y su hija se acercaron también; y en extremo divertidos, se pusieron todos á exa- minarle de cabeza á pies, y se maravillaron de su trasero especialmente, ya que en toda su vida ha- bian tenido ellos trasero ni otra cosa que se pare- ciese á un trasero. Y los niños y la joven, que en un principio asustáronse un poco de aquella protu- berancia, se atrevieron hasta tocarla con los dedos varias veces, de tanto como les intrigaba y diver- tia. Y se refan entre si de semejante cosa, y decían: <¡Es un individuo sin cola!> ¡Y bailaban de alegria! Asi es que Abdalah de la Tierra acabó por enfadar- se al ver aquellos modales y aquella desvergüenza, y dijo & Abdalah del Mar: «¡Oh hermano mío! ¿es que me has traido hasta aquí para que sea la irri- © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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