sión de tus hijos y de tu esposa? El otro contestó: ¡Te pido perdón, hermano mío, y te ruego que me dispenses y no hagas caso de los modales de estas dos mujeres y estos dos niños, porque tienen una inteligencia defectuosa!» Luego se encaró con sua hijos, y les gritó: ¡Callaos!> Y les infundió miedo, y se callaron. Entonces dijo el marítimo á su hués- ped: ¡No te asombres, sin embargo, de lo que veas, joh hermano mio! porque entre nosotros no hay quien no tenga cola!>
Y he aquí que, á raíz de estas palabras, llega- ron diez adultos gruesos y vigorosos, que dijeron al dueño de la casa: ¡Oh Abdalah! el rey del Mar acaba de saber que tienes en tu casa á un indivi- duo sin cola entre los individuos sin cola de la Tie- rra. ¿Es cierto? El interpelado contestó: Es cierto. Y ahí le tenéis delante de vosotros. ¡Es mi amigo y mi huésped, y al instante voy á llevarle á la playa de donde le saqué! Los otros dijeron: ¡Guárdate de hacerlo! ¡Que el rey nos ha enviado à buscarle, pues desea verle y examinar su contextura! ¡Y pa- rece ser que por detrás tiene una cosa extraordina- ria, y otra cosa más extraordinaria todavía por de- lante! ¡Y el rey quisiera ver ambas cosas y saber qué nombre tienen!
Al oir estas palabras, Abdalah del Mar se encaró con su huésped y le dijo: ¡Oh hermano mio! dispén- same, porque ya ves que no tengo excusa. ¡No po- demos desobedecer las órdenes de nuestro rey!> El terrestre dijo: ¡Me da mucho miedo ese rey, que