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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/94

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

Cuando el rey vió á su yerno, le recibió con grandes muestras de alegría, y le dijo: <Hemos estado muy inquietos todos por tu ausencia!» Y Abdalah le contó su aventura maritima desde el principio hasta el fin; pero no hay utilidad en co- menzarla otra vez. Y le puso entre las manos el cesto y las conchas llenas de pedrerías.

Aunque se maravilló del relato de su yerno y de las riquezas que traia del mar, le enfadó y le molestó mucho al rey el comportamiento poco cor- tés de los marítimos con respecto al trasero de su yerno y á todos los traseros en general, y le dijo: Oh Abdalah! no quiero que en adelante vayas á la playa en busca de ese Abdalah del Mar, pues por más que esta vez no tuviste qué sentir por ha- berle seguido, no sabes lo que puede sucederte en el porvenir, ¡que no siempre que le tiran queda in- tacto el jarro! Y además, eres mi visir y no me pa- rece bien que vayas al mar todas las mañanas con un cesto de pesca à la cabeza, porque serías objeto de burla á los ojos de todas esas personas con más ó menos cola y más o menos inconvenientes. ¡Per- manece, pues, en el palacio, y de ese modo vivirás en paz, y estaremos tranquilos por ti!>

Entonces Abdalah de la Tierra, como no queria contrariar á su suegro el rey Abdalah, permaneció en adelante en el palacio con su amigo Abdalah el Panadero, y ya no fué à la playa en busca de Ab- dalah del Mar, del que no se volvió á hablar por no enfadarle.