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Página:Las mil noches y una noche v2.djvu/118

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

cayó en tierra, y el judío creyó que lo habia ma- tado él.» Y en este momento, el sastre se volvió hacia el médico judío y le dijo: «¿No fué asi?» El médico re- puso: «¡Esa es la verdad!» Entonces, el sastre, diri- giéndose al wali, exclamó: «¡Hay, pues, que soltar al judio y ahorcarme á mí!»> El wali, prodigiosamente asombrado, dijo enton- ces: «En verdad que esta historia merece escribirse en los anales y en los libros.» Después mandó al portaalfanje que soltase al judío y ahorcase al sas- tre, que se había declarado culpable. Entonces el portaalfanje llevó al sastre junto á la horca, le echó la soga al cuello, y dijo: «¡Esta vez va de veras! ¡Ya no habrá ningún otro cambio!» Y agarró la cuerda. ¡He aquí todo, por el momento! En cuanto al jorobado, no era otro que el bufón del sultán, que ni una hora podía separarse de él. Y el jorobado, después de emborracharse aquella noche, se escapó de palacio, permaneciendo ausen- te toda la noche. Y al otro día, cuando el sultán preguntó por él, le dijeron: «¡Oh señor, el wali te dirá que el jorobado ha muerto, y que su matador iba á ser ahorcado! Por eso el wáli habia mandado ahorcar al matador, y el verdugo se preparaba á ejecutarle; pero entonces se presentó un segundo individuo, y luego un tercero, diciendo todos: <¡Yo soy el único que ha matado al jorobado!» Y cada cual contó al wali la causa de la muerte.»