ya estoy muy viejo 1 y necesito descansar. Y así po- dré encerrarme muy á gusto en mi casa para no salir de ella.»
Al oír esta proposición, bajó los ojos Nureddin, y después dijo: «Escucho y obedezco. *>
Entonces el visir llegó al colmo ele la alegría, é inmediatamente ordenó á sus esclavos que prepa- rasen el festín y adornasen é iluminasen la sala de recepción, la más espaciosa de todas, reservada es- pecialmente al más grande entre los emires.
Después reunió á todos sus amigos, é invitó á todos los nobles del reino y á todos los mercaderes de Basara, y todos acudieron á presentarse entre sus manos. Entonces, el visir, para explicarles el haber elegido á Nureddin con preferencia á todos los demás, les dijo: «Yo tenia un hermano que era visir en Egipto, y Alah le había favorecido con dos hijos, como á mí me favoreció con una hija, según sabéis. Mi hermano, poco antes de morir, me en- cargó que casara á mi hija con uno de sus hijos, y yo se lo prometí, Y precisamente este joven á quien veis es uno de los dos hijos de mi hermano el visir de Egipto, Ha venido á Bassra con tal objeto. ¡Y mi mayor anhelo es que se escriba su contrato con mi hija, y que viva con ella en mi casa!»
Entonces contestaron tocios: «¡Sea como dices! ¡Ponemos sobre nuestra cabeza cuanto hagas!»
Y todos tomaron parte en el gran festín, bebie- ron toda clase de vinos, y comieron una cantidad prodigiosa de pasteles y confituras. Y después, ro-