che bien eso que acabas de contar.» Entonces el jo- robado replicó: «Acaso esté loco; pero no lo estaré hasta el punto de moverme de este sitio sin permiso del terrible efrit. Porque me ha prohibido salir del agujero antes de que amanezca. Así, pues, vete y déjame en paz. Pero antes dime: ¿falta mucho para que salga el sol?» Y el visir, cada vez más perple- jo, contestó:, «¿Pero qué efrit es ese del cual ha- blas?» Y entonces el jorobado le contó la historia, su ida al retrete para hacer sus necesidades antes de entrar al cuarto de la desposada, la aparición del efrit bajo las diversas formas de rata, gato, pe- rro, asno y búfalo, y por fin la prohibición hecha y el trato sufrido. Y terminado el relato, rompió á llorar.
Entonces el visir se acercó al jorobado, y tirán- dole de los pies le sacó del agujero. Y el jorobado, con la faz lastimosamente embadurnada de ama- rillo, gritó al visir: «¡Maldito seas tú, y maldita tu hija, la amante de los búfalos!» Y por temor de que se le apareciese de nuevo el efrit, echó á correr con todas sus fuerzas, dando alaridos y sin atreverse á volver la cara. Y llegó al palacio, y fué á ver al sultán, y le explicó su aventura con el efrit.
En cuanto al visir Chamseddin, regresó como loco al aposento de su hija Sett El-Hosn, y le dijo: «Hija mia, noto que pierdo la razón. Aclárame lo sucedido. » Entonces, Sett El-Hosn le dijo: «Sabe, joh padre mio! que el joven encantador que logró