salió de la ciudad al encuentro de Timur. Y cuando estuvo en su presencia, el tártaro observó aquel turbante extraordinario, y dijo á Goha: «¿Cómo traes ese turbante?» Y Goha contestó: «¡Oh sobe- rano del mundo! Es mi gorro de noche, y te suplico que me dispenses por haber venido entre tus manos con este gorro de noche; pero dentro de un instante tendré mi gorro de día, que viene detrás cargado en un carromato alquilado á tal fin.» Entonces Timur- Lenk, espantado del enorme tocado de los habitan- tes, no pasó por aquella ciudad. Y lleno de simpa- tía por Goha, le retuvo á su lado, y le preguntó: «¿Quién eres?» Y Goha contestó: «¡Aquí donde me ves, soy el dios de la tierra!» Y Timur, que era de raza tártara, en aquel momento estaba rodeado de algunos mozalbetes, que eran los más hermosos de su nación y tenían, como es corriente en los de su raza, los ojos muy pequeños y encogidos. Y dijo á Goha, mostrándole aquellos niños: «Y bien, joh dios de la tierra! ¿encuentras de tu gusto á estos lindos niños que aquí ves? ¿Tiene par su belleza?>> Y Goha dijo: «No es por disgustarte, ¡oh soberano del mundo! pero me parece que estos niños tienen los ojos demasiado pequeños, y á causa de ello ca- rece de gracia su rostro.» Y Timur le dijo: <<¡No te preocupes por eso! ¡Y puesto que eres el dios de la tierra, hazme el favor de agrandarles los ojos!» Y Goha contestó: «¡Oh mi señor! ¡respecto á los ojos del rostro, sólo Alah puede agrandarlos, pues, por mi parte, yo, que soy el dios de la tierra, sólo puedo
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Apariencia