le besó la mano. E Ishak le reconoció como uno de
los proveedores que aprovisionaban de jóvenes y de
mozalbetes el palacio del califa. Y a aquel jeque
precisamente era al que se dirigía Ishak cada vez
que deseaba una nueva tanda de discipulas para su
escuela de música.
Y he aquí que, precisamente cuando el jeque
hubo abordado de tal modo á Ishak, sin sospechar
que iba acompañado del Emir de los Creyentes y de
su visir Giafar y de sus amigos, se excusó mucho
por haberle molestado é interrumpido su paseo, y
añadió: «¡Oh mi señor! Hace mucho tiempo que de-
seo verte. E incluso tenia decidido ir á buscarte en
tu palacio. Pero ya que Alah me ha puesto hoy en
el camino de tu gracia, voy á hablarte en seguida
de lo que preocupa á mi espíritu.» E Ishak pregun-
tó: «¿Y de qué se trata, pues, ¡oh venerable!? ¿Y en
qué puedo servirte?» Y el mercader de esclavos con-
testó: «Escucha. En este momento tengo, en el de-
pósito de esclavos, una joven que está muy diestra
ya en el laúd, y que no tardará en hacer honor á
tu escuela, pues se halla muy bien dotada, y mejor
que ninguna sabrá ella aprovecharse de tu admira-
ble enseñanza. Y como, además, su gracia es con-
tinuación de los dones de su espíritu, creo que no
dejarás de echar sobre ella una ojeada y de prestar
por un instante tu oído precioso á la prueba de su
voz. Y si te place ella, todo saldrá á pedir de boca.
De no ser asi, la venderé á cualquier mercader, y
sólo me restará renovar mis excusas por la moles-
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HISTORIA DE OBRA MAESTRA...