Y no pudo por menos de decir à Kamariya: <<¡Por vida tuya, joli hermana mia! que mis ojos no pue- den ya sufrir la vista de ese que está ahí y de ese otro que está á su lado! ¿Por qué son tan horribles, y quiénes son?» Y Kamariya se echó á reir y con- testó: <<¡Oh mi señora! Ese es el jefe Al-Schisbán, y ese otro es el magno Maimún, el portaalfanje. Si te parecén feos, és porque, à causa de su orgullo, no han querido hacer como todas nosotras y como todos los genn, cambiando su forma pristina por la de seres humanos. Porque has de saber que todos los jefes que estás viendo, en su estado normal, son semejantes á esos dos en la forma y en el aspecto; pero hoy, para no asustarte, han tomado la apa- riencia de hijos de Adán, para que te familiarices con ellos y estés á gusto.» Y Tohfa contestó: «¡Oh mi señora! En verdad que no puedo mirarlos. Sobre todo, ¡qué espantoso es ese Maimún! ¡Le tengo mie- do verdaderamente! ¡Si, me dan mucho miedo esos dos gemelos!>> Y Kamariya no pudo por menos de echarse á reir á carcajadas. Y Al-Schisbán, uno de los dos jefes de cara espantable, la vió reir y le dijo: «¿A qué vienen esas risas, ¡oh Kamariya!?» Y ella le habló en una lengua que no podría entender ningún oído de hijo de Adán, y le explicó lo que Tohfa había dicho con respecto á él y con respecto á Maimún. Y el maldito Al-Schisbán, en vez de en- fadarse, se echó á reir con una risa tan prodigiosa, que al pronto se creería que había irrumpido en la sala una violenta tempestad.
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