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Página:Las mil noches y una noche v21.djvu/201

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HISTORIA DE OBRA MAESTRA...

diciendo: «Las orejas son para oir y los ojos para ver. Ven, pues, para ver y escuchar con tus ojos y con tus orejas.»> Y cuando Al-Rachid hubo llegado á la puerta del pabellón, oyó el sonido del laúd y la voz de Tohfa cantando. Y precisamente en aquel momento cantaba y tocaba con arreglo al método que le habia enseñado el jeque Eblis. Y Al-Rachid, trastornado y reteniendo á duras penas la razón que se le huía, metió la llave en la cerradura; y su mano se ne- gaba á abrir, de tanto como temblaba. Por fin, al cabo de un momento, se reanimó, y apoyándose en la puerta, que hubo de ceder, entró diciendo: «¡Bis- milah! ¡Confundido sea el Maligno! ¡Me refugio en Alah contra los maleficios!>> Cuando Tohfa vió entrar al Emir de los Creyen- tes tan trastornado y tembloroso de emoción como estaba, se levantó vivamente y corrió á su encuen- tro. Y le rodeó con sus brazos y le estrechó contra su corazón. Y Al-Rachid lanzó un grito como si rin- diera el alma, y se desplomó desmayado, dando con la cabeza antes que con los pies. Y Tohfa le roció con agua de rosas almizclada, y le remojó las sie- nes y la frente hasta que volvió él de su desmayo. Y permaneció un momento como un hombre ebrio. Y á lo largo de sus mejillas corrían lágrimas y mo- jaban su barba. Y cuando recobró el sentido por completo, pudo por fin llorar libremente con toda su alegría en el seno de su bienamada, que lloraba también. Y las frases que se dijeron y las caricias Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)