leche cuajada en la escudilla del beduino y como la salsa de membrillo en medio de la bandeja perfu- mada con benjuí. Y recibió á Diamante con efusiones propias de una cautiva para con su libertador. Y quiso ha- cerle sentarse en el trono del rey difunto; pero Dia- mante se negó, y cogiéndole la mano, la invitó á subir por sí misma al trono que Tak-Tak arrebató á su padre. Y no le pidió nada á cambio de tantos beneficios. Entonces, subyugada por su generosi- dad, ella le dijo: «¡Oh hermoso! ¿á qué religión per- teneces para hacer así el bien sin esperanza de re- compensa?» Y Diamante contestó: «¡Oh princesa! ¡mi fe es la fe del Islam, y su creencia es mi creen- cia!» Y ella le preguntó: «¿Y en qué consisten joh mi señor! esa fe y esa creencia?» El contestó: «Con- sisten sencillamente en atestiguar la Unidad con la profesión de fe que nos ha sido revelada por nues- tro Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!).» Y ella preguntó: «¿Y puedes hacerme la merced de reve- larme á tu vez esa profesión de fe que torna tan perfectos á los hombres?» Él dijo: «Consiste en estas únicas palabras: «¡No hay más dios que Alah, y Mahomed es el enviado de Alah!» Y quienquiera que la pronuncie con convicción, en aquella hora y en aquel instante queda ennoblecido con el Islam. ¡Y aunque sea el último de los descreidos, al punto se torna en igual del más noble de los musulma- nes!» Y cuando hubo oido estas palabras, la prin- cesa Aziza sintió que su corazón se conmovía con ©Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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