jeron sobre mi la mala suerte! Porque ¡oh asilo del mundo! desde el día nefasto en que oi mencionar delante de mi lo que voy á contarte, ya no he tenido reposo ni sueño.» Y le contó toda su historia con los menores detalles. Pero no hay utilidad en repe- tirla. Luego añadió: «Y ahora que el Destino me ha gratificado con la vista de tu presencia luminosa, ¡oh rey del tiempo! y que quieres concederme, como favor insigne, la merced que me permites solici- tarte, te pediré sencillamente que me digas exac- tamente qué clase de relaciones hay entre nuestro señor el rey Ciprés y nuestra señora la reina Piña, y que me digas también qué tiene que ver en el asunto el negro sombrío que á la hora de ahora está tendido debajo del lecho de marfil de la princesa Mohra, hija del rey Qamús, hijo de Tammuz, sobe- rano de las comarcas de Sinn y de Masinn. >> Así habló Diamante al rey Ciprés, señor de la ciudad de Wakak. Y á medida que hablaba Dia- mante, el rey Ciprés cambiaba sensiblemente de color y de intenciones. Y cuando Diamante acabó su discurso, Ciprés se habia puesto como una llama y en sus ojos ardía un incendio. Y en su pecho le roncaba el hervidero interior, de todo punto seme- jante al furor de la caldera en el brasero. Y perma- neció un momento sin poder emitir sonidos. Y de improviso estalló, diciendo: «Mal hayas, joh ex- tranjero! ¡Por vida de mi cabeza, que si no fueras sagrado para mí después del juramento que hice de dejar á salvo tu vida, en este mismo instante te se- Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia