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Página:Las mil noches y una noche v21.djvu/70

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

gorro. Pero ¡ay! cuando quise tirar de la cuerda im- provisada no pude sacar nada. Porque mi gorro se había vuelto tan pesado como si contuviese todas las calamidades. Y me costó un trabajo infinito tra- tar de moverlo, sin conseguirlo. Y en el límite de la desesperación, y sin poder soportar la sed que me abrasaba, exclamé: «¡No hay recurso ni fuerza mas que en Alah! ¡Oh seres que habéis establecido vuestra residencia en esta cisterna! Seáis genn ó seres humanos, tened compasión de un pobre de Alah á quien hace agonizar la sed, y dejadme que saque el cubo. ¡Oh habitantes ilustres de este pozo! Me falta el aliento y se me detiene en la boca la respiración. »

>>Y me puse á proclamar de tal suerte mi tor- mento y á gemir mucho, hasta que al fin llegó desde el pozo á mi oído una voz que dejó oir estas pala- bras: <<Más vale la vida que la muerte. ¡Oh servidor de Alah! Si nos sacas de este pozo, te recompensa- remos. Más vale la vida que la muerte.>>

< Entonces, olvidando por un instante mi sed, hice acopio de las energías que me quedaban, y sacando fuerzas de flaqueza, por fin logré extraer del pozo mi cubo con su carga. Y vi, agarradas con los dedos á mi gorro, dos viejísimas mujeres cie- gas, con la espalda curvada como un arco, y tan delgadas, que habrian pasado por el ojo de una aguja de ensalmar. Se les hundían los párpados en la cabeza, tenían sin dientes las mandíbulas, su cabeza oscilaba lamentablemente, temblaban sus