sobre mis ojos. ¡Ah, durmamos!» Y yo, por mi parte, supe disimular mi agitación interna, y fingiendo estar más extenuado todavía que ella, me eché á su lado, y aunque estaba muy despierto, me puse á respirar roncando, como los que duermen en la taberna. »Entonces esta mujer de mala fortuna se levan- tó como un gato y aproximó á mis labios una taza cuyo contenido hubo de verter en mi boca. Y tuve fuerza de voluntad para no traicionarme; pero, vol- viéndome un poco hacia la pared, como si conti- nuase durmiendo, escupí sin ruido en la almohada el bang liquido que me había dado. Y sin dudar del efecto del bang, no tuvo ella cuidado para ir y ve- nir por la habitación, y lavarse y arreglarse, y po- nerse kohl en los párpados, y nardo en los cabellos, y surma indio en los ojos, y missi también indio en los dientes, y perfumarse con esencia volátil de ro- sas, y cubrirse de alhajas, y echar á andar como si estuviera borracha. » Entonces, esperando á que hubiese salido ella, me levanté de mi lecho, y echándome sobre los hombros una abaya con capucha, la segni á pasos recatados, con los pies descalzos. Y la vi dirigirse á las cuadras, y escoger un caballo tan hermoso y tan ligero como el de Schirin. Y montó en él, y se marchó. Y quise montar también á caballo para se- guirla; pero pensé que el ruido de los cascos llega- ría á oídos de aquella esposa desvergonzada, y que- daria advertida de lo que debía permanecer oculto TOMO XXI 6 Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia