PERO CUANDO LLEGÓ LA 920.a NOCHE
Ella dijo:
...Así habló el rey Ciprés, señor de la ciudad de Wakak, al joven principe Diamante. Luego añadió: «¡Y ahora que has oido lo que no sabe ningún ser humano, pon la cabeza que ya no te pertenece, y lava de la vida tus manos! >>
Pero Diamante contestó: «¡Oh rey del tiempo! Sé que mi cabeza se halla entre tus manos, y estoy dispuesto á separarme de ella sin excesiva pena. ¡No obstante, hasta el presente no está suficiente- mente esclarecido para mi espíritu el punto más im- portante de esa historia, pues todavía no sé por qué el séptimo negro ha ido á refugiarse precisamente debajo del lecho de la princesa Mohra, y no en otro lugar de la tierra, y sobre todo, ignoro cómo ha con- sentido esa princesa en tenerle en su morada! En- térame, por tanto, de cómo ha pasado la cosa; y una vez enterado, haré mis abluciones y moriré.»>
Cuando el rey Ciprés oyó estas palabras de Dia- mante, quedóse prodigiosamente sorprendido. Por- que no se esperaba semejante pregunta ni, por cier- to, había tenido nunca la curiosidad de saber por sí mismo los detalles que pedia Diamante. Pero, no queriendo aparecer ignorante de tan importante