tardanza la colguemos cabeza abajo y la empaje- mos luego. O también, después de colgarla, podría- mos dar á comer su carne á los buitres y á las aves de rapiña.» Y Diamante se encaró con la reina Aziza y le preguntó su opinión. Y Aziza dijo: «¡Entiendo que mejor es olvidar sus yerros para con nuestro esposo Diamante, y perdonarla para solemnizar nuestra unión en este día bendito!» Y Gamila, á su vez, opinó que se debía absolver á su hermana, y pedirle, en compensación, que devolviera la forma humana á todos los jóvenes á quienes habia con- vertido en gamos. Entonces dijo Diamante: «¡Pues bien; sean con ella el perdón y la seguridad!»> Y le tiró su pañuelo. Luego dijo: «¡Convendría que me dejarais con ella ahora una hora de tiempo!>> Y al punto accedieron ellos á su deseo. Y cuando de nue- vo entraron en la sala, encontraron á Latifa perdo- nada y contenta en brazos del joven.
Y cuando Latifa hubo devuelto su forma primi- tiva á los príncipes y demás individuos á quienes con sus hechicerias había convertido en gamos, y los hubo despedido tras de darles de comer y ves- tirlos, Al-Simurg se echó á la espalda á Diamante y á sus tres esposas, y los transportó en poco tiempo á la ciudad del rey Qamús, hijo de Tammuz, padre de la princesa Mohra. Y levantó tiendas fuera de la ciudad para que las ocupasen, y les dejó descan- sando un poco, para ir él por sí mismo, á instan- cias de Diamante, al harén donde se encontraba la favorita Rama de, Coral. Y previno á la joven de la