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PERO CUANDO LLEGÓ LA 985.ª NOCHE |
...Y al contemplar aquella joya, Hachem, lejos de mostrarse satisfecho y alegre, nubló sus ojos con lágrimas. Y la tristeza anidó en su corazón é hizo amarillear su rostro. Y Harún, que ni por asomo esperaba tal manifestación, se mostró muy sorprendido, y creyó que la joya no era del gusto del músico. Y le preguntó: «¿A qué vienen esas lágrimas y esa tristeza, ¡oh Hachem!? Y si no te agrada ese collar, ¿por qué guardas un silencio molesto para mí y para ti?» Y el músico contestó: «¡Alah aumente sus favores sobre la cabeza del más generoso de los reyes! Pero el motivo que hace correr mis lágrimas y abruma de tristeza mi corazón no es lo que tú crees, ¡oh mi señor! Y si me lo permites, te contaré la historia de este collar, y el porqué de que su vista me haya sumido en el estado en que me ves. Y Harún contestó: «Claro que te lo permito. Porque debe ser asombrosa en extremo la historia de ese collar, que poseo como herencia de mis padres. Y tengo mucha curiosidad por saber lo que acerca de ello conoces tú y yo ignoro.»
