de oro. Y jadeante, exclamó: «Ya nos está permi- tido todo esto, pues no es vergonzoso lo que es licito. Y se tendió ágilmente, y me atrajo hacia ella. Después exhaló un largo suspiro, seguido de un estremecimiento y de algunas monadas llenas de coqueteria, acabando por levantarse la camisa hasta más arriba de los riñones.
Entonces ya no pude refrenar por más tiempo mis deseos, y después de haberle chupado los la- bios, mientras que desfallecia, se estiraba y cerra- ba los ojos, penetré en ella de parte á parte. Y asi comprobé la exactitud encantadora de estos versos del poeta:
¡Cuando la joven se levantó el vestido, mi vista se pudo extender sin ninguna dificultad por la terraza de su vientre! 10h, que jardines!
¡Y descubri su entrada, que era tan estrecha y tan dificil como mi paciencia y mi vida!
¡Pero de todos modos, pude penetrar en ella á la fuerza, aunque sólo á medias! ¡Entonces ella exhaló un gran suspiro! Y yo dije:
"¿Por qué suspiras?» Y ella contestó: «¡Por la se- gunda mitad, Joh luz de mis ojos!»
En efecto, una vez que hicimos primeramente eso, me dijo: «¡Obra como quieras! ¡Soy tu esclava sumisa! ¡Anda! ¡Ven! ¡Tómalo! ¡Por mi vida sobre ti! ¡Dámelo mejor, para que con mi mano lo haga penetrar en mi y me calme las entrañas!>> Y no