¡Al venir ellos, han reverdecido nuestras colinas! ¡Nuestro suelo se ha estremecido y ha dado nuevas flo- rest Y la tierra y los habitantes de la tierra han excla- mado: «¡Dulce bienestar y dulce amistad para nuestros encantadores huéspedes!>
Y los tres le dieron gracias por sus bondades. Y el jeque replicó: «¡Que Alah os asegure á todos la vida más agradable! ¡Y que preserve del mal de ojo, ¡oh mercader ilustre! á tus hermosos hijos!» El visir dijo: «¡Y que el baño sea para ti, por gracia de Alah, un aumento de fuerza y de salud! Porque ¡oh venerable jeque! ¿no es cierto que el agua es el bien verdadero de la vida en este mundo, y el ham- mam una morada de delicias?» El jeque contestó: <<¡Sí, por Alah! ¡Y cuántos poemas admirables ha inspirado el hammam á los grandes poetas! ¿No re- cordáis alguno de ellos?» Y Diadema se apresuró á contestar: «Si los recuerdo; oid éstos:
¡Vida del hammam, es maravillosa tu dulzurat 10h hammam, cuún breve es tu duración! ¿Por qué no podré pasar toda mi vida en tu seno? ¡Hammam admirable, hammam de mis sentidos!
¡Cuando se te tiene, haces odioso hasta al mismo Paraiso! Si fueses el infierno, con qué dicha me pre- cipitaría en él!»
Cuando el príncipe hubo recitado este poema,
exclamó Aziz: «¡Yo también sé versos acerca del