cuales nada sabemos!» Y Daul'makán dijo: «Creo que debemos renunciar á la joven Tamacil y á sus compañeros, pues hemos aguardado bastante. Y ya que hemos cargado nuestros mulos y nuestros ca- mellos, contentémonos con lo que Alah ha querido darnos. ¡Y vamos á reunirnos con nuestras tropas, para aplastar á los infieles, con auxilio de Alah, y tomarles Constantinia! >> Entonces fueron á buscar al asceta al pie de la montaña, y emprendieron el camino para reunirse con el ejército. Pero apenas habían entrado en el valle, aparecieron en las alturas los guerreros cris- tianos, que, lanzando su grito de guerra, empeza- ron á bajar hacia ellos para envolverlos. Al ver esto, exclamó Daul'makán: «¿Quién habrá podido avisar á los cristianos nuestra presencia en el mo- nasterio?» Pero Scharkán le dijo: «¡Oh hermano mio! No podemos perder el tiempo en conjeturas; desenvainemos, y aguardemos à pie firme à esos perros malditos, y hagamos en ellos tal matanza, que ni uno pueda escaparse.» Y Daul'makán ex- clamó: ¡De haberlo previsto, habríamos traído mayor número de soldados!» Entonces dijo el visir Dandán: «Aunque tuviéramos diez mil hombres, no nos servirían en esta angosta garganta. Pero Alah nos sacará de este mal paso. Porque cuando pe- leamos por aquí á las órdenes del difunto rey Omar Al-Nemán, aprendimos todas las salidas de este valle. ¡Seguidme, pues, antes de que esos malditos nos cierren todas las salidas! >>
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