le dijo: «Ha pasado tal y cual cosa.» Y le contó la emoción sufrida por Donia y todo su diálogo. Y Diadema dijo: «Pero ¿cuándo nos uniremos?» Y la vieja respondió: «¡Mañana sin falta!» Entonces Diadema le dió otro vestido y regalos por valor de mil dinares de oro, que ella aceptó, diciéndole: «Yo misma vendré mañana á buscarte à la hora propicia.
Y fué corriendo en busca de la princesa Donia, que la aguardaba muy impaciente, y le preguntó: «¿Qué noticias me traes, ¡oh Dudú?» Ella dijo: «He logrado encontrar su rastro y hablarle. Mañana te lo traeré de la mano.» Entonces la princesa llegó al colmo de la felicidad, y dió á su nodriza mil dinares de oro y regalos por valor de otros mil di- nares. Y aquella noche durmieron los tres con el alma llena de alegría y de dulces esperanzas.
Y apenas llegó la mañana, la vieja fué á casa del principe, que la estaba esperando. Desató un paquete que había traido, sacó de él unas ropas de mujer, y vistió con ellas al principe, acabando por envolverle con el gran izar, cubriéndole la cara con un velillo tupido. Entonces dijo: «Ahora imita los movimientos de las mujeres, al andar balancea las caderas á derecha é izquierda, y camina á pasos cortos, como las jóvenes. Y sobre todo, déjame res- ponder á mi sola todas las preguntas de la gente, y que bajo ningún pretexto se oiga tu voz, ¡oh mer- cader!» Diadema contestó entonces: «¡Escucho y obedezco! >>