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Página:Las mil noches y una noche v5.djvu/198

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

ficos, cien dromedarios de carrera, cieu jóvenes, cien doncellas, cien negros y cien negras.

Y entonces fué cuando el rey Schahramán, ya terminados estos preliminares, salió en persona al encuentro del rey Soleimán-Schah, cuidando de que le acompañase el príncipe Diadema y una nume- rosa comitiva. Al verlos acercarse, el rey Solei- mán salió á su encuentro, y exclamó: «¡Loor á Alah, que ha hecho lograr á mi hijo sus propósi- tos!» Después se abrazaron afectuosamente los dos. reyes, y Diadema se echó al cuello de su padre llorando de alegría, y su padre hizo lo mismo. Y en seguida mandaron llamar á los kadies y testi- gos, y en el acto se escribió el contrato de matri- monio de Diadema y Sett-Donia. Y con tal motivo se obsequió largamente á los soldados y al pue- blo, y durante cuarenta días y cuarenta noches se adornó é iluminó la ciudad. Y en medio de toda la alegria y de todas las fiestas, Diadema y Donia pudieron amarse à su gusto hasta el último limite del amor.

Pero Diadema se guardó muy bien de olvidar los buenos servicios de su amigo Aziz, y después de enviarle con una comitiva en busca de su madre, que le lloraba desde mucho tiempo, ya no quiso separarse de él. Y al morir el rey Soleimán, heredó Diadema su reino de la Ciudad Verde y las monta- ñas de Ispahán, y nombró á Aziz gran visir; al vie- jo guarda, intendente general del reino; y al jeque del zoco, jefe general de todos los gremios. ¡Y todos