nia. De otro modo los dejaremos convertirse en car- bón, para alimentar el fuego del infierno. ¡Y ojalá Cristo los ahume y los maldiga, á ellos, á sus ascen- dientes y á su posteridad, y los convierta en alfom- bra para los pies de los cristianos!» Y dicho esto, se apresuraron á hacinar leños al- rededor de la gruta... En este momento de su narración, Schahrazada. vió aparecer la mañana, y discretamente, aplazó su relato para el otro día.
PERO CUANDO LLEGÓ LA 99.ª NOCHE
Ella dijo:
...se apresuraron á hacinar leños alrededor de la gruta, hasta una altura enorme, y les prendie- ron fuego.
Los musulmanes acabaron por no poder resistir aquel calor, que, aumentando cada vez más, acabó por echarlos, y formando una sola masa se preci- pitaron afuera todos, y rápidamente abrieron una brecha á través de las llamas. Pero ¡ay! al otro lado, cuando todavía les cegaba el fuego y el humo, los arrojó el Destino en manos de los enemigos, que quisierou darles muerte en seguida. Pero lo impi- dió el jefe de los cristianos, y les dijo: «¡Por Cristo!