Sabed que no lograréis jamás vuestros fines, pues por mi brazo y mis estratagemas, y gracias á Cristo Nuestro Señor, pereceréis hasta el último al pie de los muros de Constantinia. >>
Y habiendo dejado esta carta, se deslizó fuera
de la tienda y marchó á Constantinia para enterar
á los cristianos, relatándoles sus fechorías. Después
fué á la iglesia, y se puso á rezar y llorar por la
muerte del rey Afridonios, y dió gracias al diablo
por la muerte del principe Scharkán.
Pero he aquí que, à la misma hora en que se cometía el asesinato del principe, el visir Dandán, no pudiendo dormir y sintiéndose inquieto, como si todo el mundo se desplomase sobre él, se decidió á levantarse de la cama y á salir de su tienda. Y mientras se paseaba, vió al asceta que se alejaba rápidamente del campamento. Y entonces pensó: «El príncipe estará solo; voy á velar junto à él si duerme, ó á hablar con él si está despierto.»
Y cuando llegó á la tienda, lo primero que vió fué un gran charco de sangre en el suelo, y des- pués, en el lecho, el cuerpo y la cabeza de Schar- kán asesinado. Y lanzó un grito tan terrible, que despertó á todos, y puso en pie à todo el campa- mento y á todo el ejército, y también al rey Daul' makán, que acudió inmediatamente á la tienda. Y al ver al visir Dandán que lloraba junto al cuerpo sin vida de su hermano, exclamó: «¡Ya Alah!» Y cayó sin conocimiento...