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Página:Las mil noches y una noche v5.djvu/78

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

He llegado á saber, joh rey afortunado! que el principe Diadema exclamó: «¡Oh Aziz! ¿Por qué ocultas esa tela?» Y Aziz respondió: «¡Oh señor!. Precisamente por esto no quería mostrarte mis mer- cancías. ¿Qué haré ahora?» Y lauzó un suspiro con toda su alma. Pero tanto insistió el príncipe Dia- dema y tan afables eran sus palabras, que el joven Aziz acabó por decir:

«Sabe, ¡oh mi señor! que la historia de este do- ble pedazo de tela es bien extraña y está llena de recuerdos muy dulces para mi. Pues los encantos de aquellas que me entregaron estas dos telas nunca se borrarán de mis ojos. La que me dió la primera tela se llamaba Aziza. En cuanto à la otra, su nombre me es muy amargo de pronunciar en este momento. Porque fué ella con su propia mano la que me hizo lo que soy. Pero como ya he empezado á hablarte de estas cosas, voy á contarte los pormenores. Se- guramente te encantarán, y servirán de lección á quienes los oigan con respeto.»

Después el joven Aziz sacó el doble pedazo de tela que había ocultado bajo la rodilla y lo desdo- bló sobre la alfombra en donde estaban sentados. Y el principe Diadema vió que los dos pedazos eran distintos: en uno estaba bordado, con hilos de oro rojo é hilos de seda de todos colores, una gacela; y en el otro pedazo había también una gacela, pero bordada con hilo de plata, y llevaba al cuello un collar de oro rojo, del cual colgaban tres piedras de crisólito oriental.