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CUENTOS ÁRABES.

á conversar con la madre de Aladino. «Hermana mia,» le decia, «no estrañeis el no haberme visto durante todo el tiempo que habeis estado casada con mi hermano Mustafá, de feliz recuerdo. Hace cuarenta años que salí de este pais, que es mi patria, como tambien la de mi difunto hermano. Desde entónces, despues de haber viajado en las Indias, en Persia, Arabia, Siria, Ejipto, y residido en las mejores ciudades de aquellos paises, me trasladé al Africa, en donde permanecí largo tiempo. Por fin, como es natural que el hombre, por muy distante que esté de su patria, siempre conserve recuerdos de ella, y tambien de los suyos y de aquellos con quienes se crió, me asaltó de improviso tan vehemente deseo de volver á la mia y abrazar á mi querido hermano, mientras me sentia con bastantes fuerzas y valor para emprender tan largo viaje, que no he diferido en hacer mis preparativos y ponerme en camino. No os hablaré del tiempo que empleé, los tropiezos que encontró y las muchas fatigas que padecí para llegar á esta ciudad. Básteos saber que nada me apesadumbró y abatió tanto en mis viajes como la noticia de la muerte de un hermano á quien siempre amé tan entrañablemente. Distinguí sus facciones en el rostro de vuestro hijo, y eso fué lo que me le hizo notar entre todos los niños con quienes se hallaba. Él ha podido deciros con cuanto sentimiento recibí la triste noticia de que ya no existia. Pero loado sea Dios en todas sus providencias; me consuelo de volverle á hallar en un hijo que conserva sus mas notables facciones.»

El mago africano, advirtiendo que la madre de Aladino se enternecia al recuerdo de su marido, mudó de conversacion, y volviéndose á Aladino, le preguntó su nombre.—«Llámome Aladino,» le dijo el jóven.—«Y en qué te empleas?» repuso el mago, «¿sabes algun oficio?»

A esta pregunta, Aladino bajó la cabeza todo avergonzado. Pero su madre, tomando la palabra, respondió: «Aladino es un holgazan. Su padre hizo cuanto pudo durante su vida para enseñarle su oficio, y no lo consiguió; desde ha muerto, á pesar de cuanto le digo y repito cada dia, no hace mas que andar vagando y perdiendo el tiempo en jugar con niños, como lo habeis visto, sin considerar que ya es un hombre; y si no le avergonzais y no se corrije con vuestras reprehensiones, pierdo la esperanza de que sea muchacho de provecho. Sabe que su padre nada me dejó, y ya ve que aun hilando algodon todo el dia, con dificultad puedo ganar con que sustentarnos. Por lo que á mí toca, estoy en ánimo de cerrarle la puerta uno de estos dias y que vaya á buscarse la vida.»

Luego que la madre de Aladino hubo terminado estas palabras derramando lágrimas, el mago africano dijo á Aladino: «Eso está muy mal hecho, sobrino; es preciso que pienses en tí, y que trates de ganarte la vida. Hay muchas clases de oficios: mira si tienes mas inclinacion á uno que á otro. Acaso no te gusta el de tu padre y preferirias otro; dimelo pues sin