pretó otros mejor con ayuda del maestro Francisco Sánchez de las Brozas. La edición de Alcalá mereció, por su elegancia, los elogios de los eruditos; en, Jaime Cendrat la reprodujo en Barcelona, y, por fin, Benito Monfort en Valencia, 1762. El trabajo de Simón Abril es, sin duda alguna, de mérito muy subido; en general traslada la sencillez y la elegancia tereneianas. Tiene, sin embargo, defectos de interpretación, los más de ellos naeidos del texto que siguió nuestro humanista, hoy más depurado, merced á la labor de algunos eruditos. En ocasiones es obscuro por excesivo apego á la letra original; á veces por lo contrario, es decir, por introducir perifrasis que deslien además la frase latina, quitándole la coneisión que han menester no pocas situaciones dramáticas. Fuera de esto, los areaísmos (de palabra y de construcción) abundan, y no menos dañan á la claridad la mala división de las escenas, la pésima puntuación y otras tachas que fuera largo enumerar. A corregirlas va encaminada la presente edición. Manehas lleva, sin duda; pero en ella verá el lector que quiera eotejarla cou la de Valeneia no pocas variantes, las cuales servirán quizá de atenuación á los descuidos.
V. FERNÁNDEZ LLERA.
Santander, Septiembre 1800.