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Página:Las seis comedias de P. Terencio Africano (IA AU1076).pdf/337

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Formión

Davo. ¿Teniéndose él tanta hacienda y tan sobrada?

GRTA. No hay que tratar de eso, que ya es esa sn condición.

Davo. Oh, rico había yo de ser!

Geta.—Los viejos, al partir, dejáronme como por guarda de sus hijos.

Davo. ¡Oh Geta! más fáeil te fuera gobernar una provincia.

Geta.—Por la experiencia lo sé. Y que mi dios estaba airado contra mi. Al principio quise irles á la mano. ¿Qué es menester razones? Por querer ser fiel al viejo, no me quedó costilla sana.

Davo. Y yo lo pensaba eso, porque grande tontedad es tirar coccs contra el aguijón.

Geta.—Y así comencé á hacer por ellos todo lo que querian.

Davo.—Iliciste cuerdamente.

Geta.—El nuestro al principio no hacía mal oin guno. Pero Fedro luego se halló una mozuela, tañedorade citara, y comenzó á aficionársele mucho. Esta estaba en poder de un rufián muy gran bellaeo; y los viejos no me había dejado orden para que les diese un real. De manera, que no tenia otro entretenimiento sino el apacentar los ojos, acompañiarla, llevarla á la escuela y traerla.

Nosotros, bien desocupados, ayudábamos en lo que podiamos á Fedro. Enfrente de la escuela donde lá moza aprendia, había una tienda de un barbero: allí la solíamos aguardar de ordinario, cuando volvía á casa. Un dia, estando allí sentados, he aqui que entra un muchacho llorando. Nosotros, maravillados, preguntámosle qué tenía: Nunea, dice, en mi vida me ha parecido la pobreza cosa tan miserable y fuerte como ahora. Acabo de ver aquí en el barrio una cuitada doncella que está llorando á su madre, que se le ha muerto. Y ella estaba allí delante del cuerpo, sin tener conocido ninguno ni pariente que le ayudase en el enterramiento, fuera de una vejezuela.

Movióme á compasión. Y la moa parece una diosa en