el rostro. ¿Qué es menester palabras? A todos nos hizo lástima.» Diee entonces Antifón: «¿Queréis que vaya—mos á verla?» Dice el otro: «¡Sí, vamos; encaminanos allá, por tu vida!» Partimos, llegamos, vámosla. ¡Una doneella hermosa! Y para mayor testimonio no tenía en su persona aderezo ninguno que le acrecentase la hermosura. El cabello tendido, los pies descalzos, ella maltrecha del dolor, llorosa y mal vestida; de suerte que si de snyo no fuera muy hermosa, todo esto le estragara la hermosura. Fedro, que estaba enamorado de la tañedora, no dijo más de «No es fea la mujer»; pero Antifón.....
Davo.—Ya, ya; aficionósele.
Geta.—¿Sabes qué tanto? Mira en qué vino á parar.
El día siguiente vase derecho a la vieja, y ruégale que se la deje gozar. Ella le responde que no había lugar y que no era justo que él tal intentase, porque la doncella era eiudadana de Atenas, honrada; hija de buenos padres; que si él holgaba de easarse con ella, lo podía hacer legitimamente, pero que de otra manera no había lugar. Nuestro manecho no sabia qué hacerse. Por una parte deseaba casarse con ella; por otra temía la vuelta de su padre.
Davo.—Y el padre, enando volviera, ¿no le diera liceneia.....?
Geta.—l le había de dar por mujer una moza sin dote y sin prosapia? Nunea él tal hiciera.
Davo. Y, pues, en qué paró el negocio?
Geta.—¿En qué? Hay aquí un truhán que se llama Formión, hombre atrevido que los dioses confundan.
Davo. ¿Qué hizo éste?
Geta.—Le dió este consejo que te diré: «Hay una ley que manda que las huérfanas se casen con los parientes más cercanos, y esta misma ley les mauda á ellos que las tomen por mujeres. Yo diré que tú eres su pariente y te haré sobre ello proceso. Fingiréme amigo del padre de la moza; iremos á juicio quiéu fué sn