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Página:Las seis comedias de P. Terencio Africano (IA AU1076).pdf/343

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Formión

Antifón.—No puedo dominarme.GETA. ¿Qué sería, si hubieras de hacer ahora otra cosa más difieil?

Antifón.—Pues ésta no puedo, menos pudiera aquélla.

Geta.—Todo esto es palique, Fedro. Vámonos, que no hay para qué detenernos más aquí ¿Qué, es menester aquí gastar el tiempo en balde? Yo me voy.

Fedro.—Y yo también.

Antifón.—(Afectando el aspecto de un hombre tranquilo.) Escucha. ¿Y si me presento asi, será bastante.....?

GRTA. Coplas!

Antifón.—Miradne al rostro: ¡Ea! ¡estará bien así?

Geta.—No.

Antifón.—¿Y así?

Geta.—Casi, casi.

Antifón.—Y así?

Geta.—Así está bien. ¡Ea! Conserva ese semblante y procura tenérsclas tiesas y volverle razón por razón; de manera que no te confunda con sus furiosas palabras, por más airado que venga.

Antifón.—Ya.

Geta.—Que te hicieron fuerza contra in volunque la ley......, que la senteneia del juez....., tesPero ¿qué viejo es ese que veo al cabo de In tad tás?

plaza?

ANTIFOX. (Viendo á su padre) ¡El mismo es! No tengo ánimo para mirarle cara á cara.

Geta.—¡Ah! ¿qué haces? ¿dó vas, Antifón? Agnarda, aguarda digo.

Antifón.—Yo me conozco á mí, y conozco mi yerro.

A vosotros os dejo encomendada á Fania y mi vida. (Vase huyendo.) Fedro.—¡Qué va á pasar aquí, Geta?

Geta.—Que tú tendrás riñas, y yo, si no me engaño, pagarlas he colgado. Pero, cumple que nosotros hagamos lo mismo que á Antifón poco ha le aconsejábamos.