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Terencio
Fedro.— No me digas cumple, sino mandame lo que tengo de hacer.
Geta.— ¿No te acuerdas de la plática que tuviste dias pasados, al emprender el caso, para haberos de librar de culpa? ¿Que aquella causa era justa, fácil, de buen defender y muy buena?
Fedro.— Ya me acuerdo.
Geta.— Pues de aquella misma tenemos ahora necesidad, ó de otra mejor y más sagaz, si posible fuere.
Fedro.— Yo lo procuraré con diligencia.
Geta.— Pues empréndelo tú el primero ahora, que yo estaré aquí de reserva y como emboscado, para si te fuere mal.
Fedro.— En buen hora.