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VIII
PRÓLOGO

de nuestra época sean muy diferentes de los de la época de Sófocles, hay en las tragedias de éste, como en toda la literatura clásica que se nos ha conservado, un fondo humano que históricamente ha venido influyendo en el espíritu de la so ciedad, y del cual no puede desentenderse ésta sin romper con la tradición. Sófocles es además, entre los clásicos griegos, el más equilibrado y el más sereno[1]. Aceptó la tradición griega tal como se le ofrecía, sin preocuparse en modificarla, y lo mismo las creencias religiosas de la época. Fué ortodoxo dentro del paganismo, y procuró en su teatro educar al pueblo, haciendo de la escena escuela de moral; pero no de moral independiente, sino de moral fundada en las doctrinas religiosas de la época, que como dogmas había necesidad de acatar, por ser el entendimiento humano impotente para escudriñar la razón de la existencia de ellas, e incapaz de poner se por sí mismo de acuerdo en todo lo pertinente a las mismas. (Véanse págs. 106 y 107.) Fuera de los dogmas, admite la duda y el libre examen; pues, como dice en la página 109, « puede un hombre responder con su juicio al juicio de otro hombre ». Así, pues, la influencia religiosa y la tendencia moral se ven juntas en todos los dramas de Sófocles.



  1. Vivió desde 496 hasta 406 antes de Jesucristo. Los otros dos son Esquilo y Eurípides: aquél vivió desde 525 hasta 456, y éste desde 480 hasta 406 antes de Jesucristo,