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TRAGEDIAS DE SÓFOCLES

como yo. Lo primero que has de considerar es si puede haber quien prefiera gobernar con temores e inquietudes, a dormir tranquilamente, ejerciendo el mismo imperio. Porque yo nunca he preferido el título de rey al hecho de reinar efectivamente; como no lo preferirá nadie que piense prudentemente. Porque ahora, sin inquietud de ninguna especie, tengo de tí todo lo que quiero; y si yo fuera el rey, tendría que hacer muchas cosas contra mi voluntad. ¿Cómo, pues, me ha de ser más grata la dignidad real que la autoridad y el poder libre de toda inquietud? No ando tan equivocado que prefiera otras cosas que no sean las que dan honra y provecho. Ahora, pues, todo el mundo me sonríe; todos me saludan con afecto; todo el que necesita algo de tí, me adula; porque en esto está el logro de sus deseos. ¿Cómo es posible, pues, que yo renuncie a estas ventajas por obtener el título de rey? Un espíritu sensato no puede obrar tan neciamente; pero ni llegué jamás a acariciar tal idea, ni sería nunca cómplice de otro que quisiera ponerla en ejecución. Y para prueba de esto, vete a Delfos y enteráte por tí mismo para saber si te comuniqué el oráculo con toda fidelidad. Y además, si llegas a tener pruebas de que yo me he puesto en inteligencia con el adivino, condéname a muerte; y no con tu voto sólo, sino también con el mio. Pero no me inculpes por infundadas sospechas y sin oirme; porque ni es justo formar juicio temerario de un hombre de bien, confundiéndolo con un malvado, ni tomar a los malvados por hombres de bien. Porque el repudiar a un buen amigo es para mí tanto como sacrificar la propia vida, que es lo que más se estima. Pero con el tiempo llegarás a enterarte bien de todo esto; porque el tiempo es la única prueba del hombre justo, ya que al malvado basta un día solo para conocerlo.