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XV
PRÓLOGO

de la ciudad, lo mismo que la disciplina en el ejército, depende de los que gobiernan».

No quiero dejar de notar que dentro de la gravedad con que se desarrolla la acción trágica, choca a veces la manera como se expresan en algunos pasajes los personajes inferiores en su conversación con los superiores. Así, en la Antígona, especialmente (véase pág. 208), contrasta el lenguaje bufonesco del mensajero que le trae a Creonte la noticia del enterramiento del cadáver, con la augusta seriedad del tirano y la gravedad del hecho que le denuncia.


Para esta traducción me he servido de la recensión de Guillermo Dindorf, editada por Teubner (Leipzig, 1896), que ofrece algunas variantes respecto de las anteriores; y aun en ella he corregido el (ilegible) del verso 164 del Edipo en Colono, en (ilegible), por creer que así lo exige el sentido.

En la traducción he conservado algunas metáforas del original, porque se entienden fácil mente y responden además a concepciones antiquísimas del pueblo indoeuropeo. El Código de Manú (X, 33), hablando de la procreación, dice que la ley considera a la mujer como campo y al hombre como sembrador; y conforme con este pensamiento se expresa Sófocles en varios pasajes del Edipo, rey, y de la Antígona. Y quién sabe si la imagen del hecho que expresa esta metáfora sugirió la idea del arado empleado para sembrar!

También he procurado, en cuanto he creído