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PLUTARCO.—LAS VIDAS PARALELAS.

refiere Hermipo haberlo dicho Enantes de Samos; pues que Esquines el orader no menciona tal cosa, y en lo8 monumentos de Delfos es Alemecon el que está escrito por general de los Atenienses, y no Solon.

Hacía ya entónces tiempo que traia inquieta la ciudad el alentado Ciloneo, desde que el arconte Megacles habia persuadido que compareciesen para ser juzgados, á los partícipes en la conjuracion de Cilon[1], que se babian acogido al templo de la Diosa; y como habiendo tomado á este fin en sus manos un hilo de estambre atado á la estatua de la Diosa, este se hubiese roto por si cuando bajaban por el templo de las Eumenides, Megacles y sus colegas trataron de echarles mano, como que la Diosa desechaba sus ruegos; y á los que estaban á la parte de afuera los apedrearon; los que se refugiaron á las aras fueron muertos; y sólo quedaron con vida los que imploraron la compasion de las mujeres de aquellos: desde entónces venía el que siendo mirados como abominables ó excomulgados, se les tuviese odio. Sucedió que los que quedaron de esta faccion se hicieron otra vez poderosos, y estaban en eontinuos choques con los adictos á Megacles; y en aquella época ostaba la disension en su mayor fuerza, y el pueblo enteramente dividido. Solon, pues, que gozaba ya de gran crédito, se puso de por medio con los principałes de los Atenienses, y ora con ruegos, ora con persuasiones, recabó de los mal mirados que fuese en juicio como se defendiesen, y que se sujetasen á una sentencia, siendo trescientos los jueces, tomados de lo más escogido. Fué acusador Miron de Flia; y vencidos aquellos en la causa, cuantos de la faccion vivian salieron desterrados; y los restos de los muertos fueron exhumados y arrojados fuera de los lérmi- [1] El delito de Cilon fué haber querido apoderarse de la autoridad, por lo que tuvo al fin que huir: sus partidarios se refugiaron al templo de Minerva, y sucedió con elloa lo que aqui se refiere.


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