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LITTERAE

—De esta doble dignidad sigue la obligación que la naturaleza prescribe para el padre de familia, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante todo el curso de su vida cumplió plenamente con esos encargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; continuamente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús. —Pero, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. —Por estas razones el Santo Patriarca considera a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

Estas cosas, Venerables Hermanos, es fácil entender que se encuentran confirmadas por la opinión sostenida por un gran número de los Padres de la Iglesia, y que la sagrada liturgia reafirma, que el José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero que por su gloria prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. —Ciertamente, más allá del hecho de haber recibido el mismo nombre, lo que no está privado de significado, vosotros conocéis bien las semejanzas que existen entre ellos; principalmente, que el primer José se ganó el favor y la especial benevolencia de su señor, y que gracias a la administración de José su familia alcanzó la prosperidad y la riqueza; y que, todavía más importante, gobernó el reino con gran poder, y, en un momento de pública calamidad por la escasez de las cosecha, proveyó por todas las necesidades de los egipcios con tanta sabiduría que el Rey decretó para él el título de Salvador del mundo.