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LITTERAE

Así en el aquel antiguo Patriarca podemos conocer al nuevo. Como el primero fue causa de la prosperidad de los intereses domésticos de su señor y a la vez brindó grandes servicios al reino entero, así también el segundo, destinado a ser el custodio de la religión cristiana, debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra.

Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse confiadamente a la tutela del bienaventurado José. —Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad virginal. Los nobles de nacimiento aprenderán de José como custodiar su dignidad incluso en las desgracias; los ricos entenderán, por sus lecciones, cuáles son los bienes que han de ser deseados y obtenidos con el precio de su trabajo. — Los trabajadores, artesanos y cuantos son menos afortunados deben recurrir, por especial derecho, a San José, y aprender de él en lo que deben imitarle. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si está unido a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo. —Por medio de estas consideraciones, los pobres y aquellos que viven con el trabajo de sus manos deben levantar el ánimo y, si la razón o la justicia les permiten, salir de la pobreza y buscar un estado mejor; sin embargo, la providencia de Dios no les permite subvertir el orden establecido. De hecho, recurrir a la violencia y emprender cualquier acción de esta índole mediante sedición y motines es un designio insensato, sólo agrava el mal que intenta suprimir. Que los pobres, por tanto, no confíen en las promesas de los amotinados, si tienen buen sentido, sino en el ejemplo y patrocinio del Beato José, así como en la caridad materna de la Iglesia, que toma cada día mayor cuidado de su estado.