leyendas que á él se refieren, no vino por el mar sino que salió de un lago interior del continente.
¿Pero qué razón hay para negar que todas esas inmigraciones europeas ó asiáticas han existido? ¿Probaría eso acaso el orígen asiático ó europeo del hombre americano?
¡Seguramente nó!
La tradición y la historia escrita, ya sea de Europa ó de China, se remonta á una época relativamente moderna, por más que cuente siglos, si hemos de compararla con otra historia viva é inmutable que en la actualidad nos habla elocuentemente de épocas anteriores á todas esas conquistas y aún á la leyenda bíblica.
El gran libro de la Geología ha sido abierto por los sábios en sus páginas de oro y se ha evidenciado la antigüedad del suelo americano y la existencia allí, de la especie humana en una época anterior á toda leyenda y á toda tradición.
Eminentes naturalistas han consultado las etapas diversas de la formación pampeana, anterior á la cuaternaria europea y allí están los vestigios inequívocos del hombre dolicocéfalo que habitó esas comarcas, siendo contemporáneo de especies de animales, extinguidas hoy, que le sirvieron de alimento, formando la familia primitiva al amparo de la techumbre redonda que le ofrecía la corteza del jigantesco Clyptodonte.
Pero no es de esos estudios, á que dedican su vida entera de labor y de trabajos, inteligencias privilegiadas, de lo que queremos ocuparnos, sinó de reseñar ligeramente lo que fué la raza Quichua ó Quijchua y su civilización estendida en otro