Hay también allí grandes portadas en diferentes parajes, hechas de una sola roca, acentadas sobre piedras que miden treinta piés por quince de ancho.
Mayta Capac después de conquistar y someter las tierras adyacentes, dejó personas que instruyeran á los Curacas en las prácticas religiosas y en las leyes del Imperio y regresó al Cozco.
Algun tiempo después deseoso el príncipe Capac Yupanqui de emprender nuevas conquistas, pidió la venia á su padre para emprenderlas y levantando un nuevo ejército, sometió á los Aimarás y á los Quijchuas Silvestres como asimismo á otras naciones de menor importancia que ocupaban las tierras del lado del mar.
En medio de las provincias sometidas por guerra colocaban los Incas pueblos enteros de vasallos fieles, para lo cual ordenaban el traslado de familias organizadas, y dividían convenientemente las tierras á poblar.
Los tributos al soberano se pagaban en tejidos, lanas ó granos que sirvieran para alimento de la tropa. Los metales y pedrerías eran ofrendas voluntarias que se hacían al hijo del Sol, y éstas se invertían en enriquecer los templos, la casa real y la corte, como asimismo en la vajilla de las casas reales que se habían edificado en todo el Imperio.
Los muros del templo del Sol estaban enchapados en oro como también las cámaras de la luna, de las estrellas, del relámpago, del trueno, y del Arco Iris. Estas riquezas eran tan grandes, que la realidad supera siempre á toda fantasía.
A Capac Yupanqui, quinto Inca, lo sucedió en